Todo muy rico y muy bien servido
26 mayo, 2015
Dos no discuten si uno no quiere
27 agosto, 2015
Show all

         El colegio se había quedado vacío. Era tarde y la fiesta de graduación de los alumnos de cuarto había estado llena de emociones y de momentos para el recuerdo de los padres y alumnos que ese año dejaban el colegio.

Quedaban dos de los tutores y Rosa la profesora de Matemáticas. Quería ayudar a recoger todo aquello pero tenía que ir desde Guadarrama a Villalba donde tenía los ensayos de la actuación que ese sábado daban en un congreso de Bachata.

La academia había sido una tabla de salvación y el ambiente del grupo de baile era su escondite perfecto. El tener que responder a Dyana, que confiaba en ella para que la actuación fuese algo sobresaliente. Rosa bailaba con Mónica y hacía el papel del chico en la coreografía, aportando un toque exótico a la actuación.

Miró el salón de actos y las emociones la llenaron el alma de recuerdos. Llevaba ya siete años en ese colegio. Los recuerdos no eran demasiado intensos más allá del placer de transmitir sus conocimientos a aquellos niños que habían pasado por sus manos.

Era profesora por vocación y era muy exigente consigo misma. No era la típica profesora de Matemáticas que todos los niños odian y sabia la influencia que ejercía su físico sobre sus alumnos, sobre todo los masculinos. Era una mujer de una belleza sencilla y con una sonrisa que explicaba mejor las ecuaciones que cualquier libro.

***

         Fue hacía su taquilla, recorriendo los pasillos vacios que pocas horas antes estaban llenos de vida. El colegio era un lugar que se volvía fantasma durante los meses de verano. Pese a que se realizaban actividades  en sus instalaciones su rutina sería distinta durante los meses de verano.

Rosa sentía el peso de aquellos meses rodeada de ilusiones, problemas y sentía que pese a que necesitaba unas vacaciones el  tiempo se le iba a hacer largo.

Ahora la mayor parte de su tiempo era para su hija. Una adolescente que, pese a la ausencia de su padre era una niña que se merecía cualquier cosa. Durante los malos momentos había sido un gran apoyo y su mayor razón para salir adelante.

Desde que había llegado a Guadarrama había logrado hacer que su vida no fuese una montaña rusa de emociones. No había tenido suerte pero aquello solo era pasado y le había dejado el gran regalo de su hija. Parecía muy lejano en el tiempo.

Su carácter era muy tranquilo y su calidad humana la hacían que se implicase con cada alumno. Esto no superaba su concepto de justicia lo que le había llevado a tener problemas con mas de un padre que no entendían que su labor era formar y no simplemente limitarse a otorgar aprobados que solo perjudicarían a los niños en su futuro.

Su mente ya volaba a los pasos del bachatango. Era  complicado hacer de chico cuando siempre bailas en tu papel. Pero el reto era algo que le gustaba. Cada vez se sentía más cómoda, pero a pesar de ser una profesora de matemáticas su vida siempre había sido asi. Reto tras reto, y siempre superándolos.

***

         Llego a la taquilla y se encontró un sobre. No tenía remite y olía a colonia. Lo cogió entre las manos y lo observó. No esperaba nada. De hecho estaba disgustada por una discusión aquella mañana cuando unos padres  le habían reclamado un aprobado para una alumna que no había puesto nada de su parte durante todo el curso.

Abrió el sobre y el olor a colonia se multiplico por diez. Ella daba clase a los alumnos desde los doce a los dieciséis años. Empezó a sospechar cual era el contenido de aquel sobre y su mente voló a principios de curso.

El año iba a ser complicado por la influencia de las decisiones del ministerio respecto a las leyes que afectaban a la educación. El colegio había perdido alumnos ya que muchas familias no podían seguir pagando el coste de un colegio privado y las clases serian más reducidas. Por una parte eso era mucho mejor, ya que podías dedicarle más atención a los alumnos y eso era un beneficio de cara a la formación de sus chicos; pero a la vez era una tristeza porque alumnos realmente brillantes y con un gran futuro habían tenido que cambiar de colegio lo que Rosa pensaba que era un gran paso atrás. Ella no entendía de política y todo aquello le sobraba.

El contenido la sorprendió, pero menos de lo que pensaba. Aquella nota solo era el punto y aparte a una situación que la había mantenido en vilo todo el curso.

***

SEPTIEMBRE 2014

         Nacho era nuevo en el colegio. Sus padres estaban desesperados por qué no hacían carrera de ese niño. Era la segunda vez que repetía cuarto. Era dos años mayor que el resto de los niños y eso le hacía ser un alumno complicado. Por suerte solo ejercía de revoltoso,  no era un niño violento y no tenía ninguna intención de ser el líder de esos enanos.

En su interior vivía una tremenda crisis de identidad. Era un niño inteligente y no había sido capaz de dirigir su inteligencia hacía un objetivo provechoso. Su lema sin saberlo era la ley del mínimo esfuerzo, cosa que le estaba perjudicando de cara a su futuro.

Su madre era otra parte del problema porque le sobreprotegía. Confundía cariño con educación y  le consentía todo. Tenía suerte que el chaval no albergaba maldad pero no le estaba beneficiando en nada la actitud de sus padres. No se hablaba del tema en casa.

El  cambio de colegio no fue esta vez solo por lograr que Nacho se enderezase, el trabajo del padre fue una causa muy influyente. El era analista del CNI y la operación en la que estaba trabajando había hecho que les trasladasen a un complejo de chalets en una urbanización de Guadarrama para que pudiesen trabajar sin ningún tipo de influencia externa.

Aquella primera mañana se dirigió al colegio sin ninguna clase de expectativa. Sus quince años  hacían de él una hormona con piernas que comenzaba a fijarse intensamente en todo aquello que llevase falda. Los pechos de las mujeres eran como un imán para la dirección de su mirada.

Cuando se sentó en la clase que le indico la directora del colegio ante la que se tuvo que presentar se sintió como un anciano entre bebes. Aquellos dos años y en ese momento era una diferencia muy grande o eso pensó él.

***

         Se habían acabado las vacaciones. Llevaba un mes entero trabajando pero la vuelta a la realidad era el regreso de los alumnos a clase. Por suerte, Raquel, su hija no comenzaba las clases hasta quince días más tarde lo que hacía que pudiese quedarse en la cama un poco más.

Su forma de vestir era sencilla y le gustaban mucho los vaqueros elásticos. Se sentía a gusto y la forma de sus nalgas mejoraba mucho con esta prenda. Las blusas y los complementos eran el mejor acompañamiento. No le gustaba demasiado lucir canalillo y ocultaba la generosidad de sus pechos. Aun estaba demasiado reciente su mala experiencia con su ex marido.

Tenía pareja pero su relación con los hombres era distante. Joaquín la había hecho demasiado daño. Sus celos, su actitud, sus inseguridades habían conseguido acabar  con la relación. Ahora se llevaban mejor que cuando estaban casados y aunque no se lo contaba a nadie de vez en cuando quedaban para disfrutar de una grata sesión de sano sexo.

Se sentía bien consigo misma, sus hijos y la enseñanza eran dos pilares en su vida; La relación con sus padres y hermanos, el cine y el baile eran los complementos que llenaban su tiempo. Salir a tomar algo con los compañeros era algo que le apetecía. No lo hacía con demasiada frecuencia porque a su nueva pareja no le gustaba demasiado bailar. Era un buen hombre pero con sus propios gustos.

No esperaba sorpresas. Salvo los más pequeños ya conocía a todos sus alumnos. Le habían comunicado la llegada del nuevo chico y la directora había tenido una charla con ella para que le observase y viese por donde tosía. El expediente del crio no invitaba a tener buenas sensaciones.

Cogió el coche y se dirigió desde Villaba donde vivía a Guadarrama. Era su camino diario y no le llevaba más de veinte minutos. Cerca del colegio estaba la cafetería donde le gustaba parar a tomar un café y una tostada. Eso la preparaba para soportar la incesante habilidad de los niños. Eran agotadores. Las vacaciones habían recargado sus baterías y se sentía lista para un nuevo curso escolar.

La primera clase fue con los más pequeños a las nueve y aunque los alumnos la conocían, ella quería saber quiénes eran sus nuevos alumnos. No era una profesora dura pero sí que era exigente. Después de las presentaciones tomo la palabra y les explico el plan para las clases. No era el que más le gustaba pero estaba limitado por los planes de estudio.

A las doce, tenía la clase con los alumnos de trece años y las matemáticas que tenían que dar ya eran complejas. Era una gran vendedora de humo y sabia como hacer que los críos se interesasen por una asignatura tan aburrida para un joven. El cine había sido de gran ayuda con películas donde las formulas matemáticas eran la clave de un gran secreto y ella había sabido usar esto para sus clases.

***

         La mañana estaba siendo divertida. Aquellos niños le miraban con curiosidad. Era un adolescente y la diferencia con sus compañeros era muy grande. Había utilizado esa curiosidad para lograr que aquello no fuese aun más aburrido de lo que estaba siendo. Tenía el firme propósito de no volver a repetir el curso, pero tenía muy claro que no pensaba matarse a trabajar.

Pronto se sintió a gusto. Aunque todavía no eran conscientes de ello, aquellos chavales de trece años comenzaban a ejercitar sus artes amatorias y el hecho de que el nuevo fuese el comentario de todas las compañeras fue suficiente para que todos tratasen de arrimarse a él. Lo cierto era que era un joven muy guapo de cara y su complexión era atlética. Alto y fuerte, no le sobraba ni un gramo de grasa. La media melena y el flequillo le aportaban un aire bohemio. Su forma de vestir, moderno pero con dejadez eran otro de los atractivos de Nacho. Cualquiera hubiera dicho que era miembro de una boy band que tan de moda estaban.

Eran cerca de las doce y la curiosidad había dado paso al dominio. Ya no era el nuevo. Era el compañero que marcaría el curso de la clase durante ese año. Un ejemplo a seguir para el resto. El joven tenía alma de líder pero él ni siquiera lo sabía.

***

         Rosa entro en la clase de los alumnos de cuarto. El silencio se hizo en cuanto ella entro. Esos chicos la conocían de sobra era su segundo año con ella y no era amiga de que el jaleo fuese el dueño y señor de la clase. Para ella era un año muy importante por las materias que  se trataban. Esas matemáticas eran mucho mas de formulas y conceptos que de sumas y restas aunque ella, por su experiencia sabia que para los chicos siempre sería más una cuestión de aburrimiento que el descubrimiento del verdadero mundo de la fantasía que era su asignatura.

Tenía un concepto tremendo del espacio y solo con mirar supo que la clase estaba completa. No le faltaba ningún alumno. Eran veintitrés niños. Para estos no hubo discurso ni presentación y se metió en materia desde el primer minuto. Pero algo la estaba poniendo nerviosa. Se sentía observada y el calor de aquella mirada se clavaba en su blusa o en la forma de sus nalgas cuando se daba la vuelta para escribir en la pizarra.

Dos o tres veces se volvió para tratar de localizar la mirada pero no lograba encontrarla. Los alumnos parecían concentrados en sus libros y cuadernos. A los cuarenta minutos de clase decidió ponerles unos ejercicios para rememorar los últimos temas del año anterior y poder calibrar como andaba el nivel de la clase. No eran muy duros y se podían hacer en poco tiempo.

Comenzó a pasear por entre los pupitres, comprobando como los papeles se llenaban de números y de formulas. Se sintió contenta. Sus chicos no tenían dudas. Saldría mejor o peor pero todos sus alumnos tenían claro lo que aquellos ejercicios demandaban. Sabían que no era puntuable y que Rosa valoraba como andaban es su asignatura.

No esperaba lo que sucedió a continuación y se sobresalto. No sabía que pensar. Sintió el roce de aquella mano en su pierna y supo que no era casual. Todos eran chicos los que estaban sentados en ese momento a su alrededor. El toque fue suave y cálido y provoco en ella un escalofrió. Miró a uno y a otro y todos parecían concentrados en la resolución de los problemas.

Decidió  seguir, pero su cabeza le decía que aquello no había sido casualidad. En ese grupo estaba el nuevo. Pero no le habían dicho nada de que fuese problemático más allá de que era un alumno muy vago. Inteligente y rápido de mente pero, precisamente por esas características, como buen inteligente ponía poco esfuerzo en sacar los cursos adelante.

Aquellos diez últimos minutos habían dado para mucho y hasta llego a enfadarse con ella misma. Aun sentía el calor de la mano en su pierna y  en vez de enfadarse lo que le provocaba era una sonrisa llena de ternura. Que un joven de trece años desease acariciar su pierna de mujer madura le lleno de ternura por un instante para acto seguido hacer que sintiese ese enfado interior con una situación que no era nada normal.

***

         La vio entrar. Su aspecto no era como el de las otras profesoras que le habían dado clase antes. Los vaqueros y la blusa atrajeron sus ojos púberes como la miel atrae a las abejas. Todo lo pasado aquellas tres primeras horas en el nuevo colegio se vio eclipsado por la presencia de Rosa, su profesora de matemáticas.

Su forma de andar por la clase, la manera de moverse, su discurso ágil y el tono cariñoso pero firme de su voz, despertaron la adolescencia de Nacho. Se perdió en los botones de la blusa, tratando de imaginar las formas que escondía o el color de la piel allí donde no se podía observar el bronceado del verano.

Se sentía nervioso e impresionado pero no lograba apartar la mirada de ella. Solo, cuando la profesora se giraba o trataba de encontrar su mirada con los ojos de los alumnos, era capaz de rehuir sus ojos color miel que le hablaban de unas matemáticas que para él era terreno desconocido.

Lo cierto es que Nacho no había tenido un despertar temprano al interés sexual. Su madre lo copaba todo y si no estaba bajo el ala de ella, estaba enfrascado en sus videojuegos o en el deporte. Era un crio que destacaba en casi todo. Baloncesto , futbol, natación, atletismo o en los juegos de mesa como el ajedrez. Su padre que era un amante del futbol trataba que aprovechase su capacidad física para poder jugar en  competiciones oficiales pero el chico no lo tenía tan claro. Para él la vida era divertirse y las obligaciones de los entrenamientos o escuchar las tonterías de los entrenadores no era algo prioritario.

No supo que fuerza le hizo tomar esa decisión. Aquellos ejercicios que les había puesto no eran difíciles y decidió hacerlos pero cuando ella comenzó a pasear entre ellos su mirada no dejaba de seguir el movimiento de sus piernas. Cada minuto que pasaba la necesidad de sentirla cerca crecía.

Cuando por fin le sobrepaso no pudo controlar su mano y esta se dirigió hacia su pierna. Fue un roce ligero pero su alma se lleno de Rosa. Su esencia se lleno de mujer y deseo verla desnuda, deseo sentir sus labios. Por un instante aquella clase no estaba llena de compañeros y estaban ellos dos solos. Pero aquello solo duro un instante.

La reacción de la profesora le hizo darse cuenta de la tontería que acababa de cometer. El tenía quince años. Sabría que había sido él y tendría problemas. Se tranquilizo al ver que no localizaba al responsable de ese roce. Supo por los gestos de Rosa que no estaba enfadada, solo sorprendida. Pero en ese momento su inteligencia despertó. No podía mantener esa actitud. Se estaba creando un problema que le desbordaba.

 

No reconocía los sentimientos y sensaciones que le había provocado aquella situación. No entendía como no podía dejar de pensar en una profesora de la manera que lo hacía pensando en Rosa.

Al terminar la clase la profesora de matemáticas quiso hablar con él a solas. Pensó que al final se había dado cuenta de que había sido él quien la había acariciado pero cuando comenzó a preguntarle sobre su nivel en la asignatura, se tranquilizo. Para acabar el cuestionario le hizo una pregunta que  contesto con  inteligencia dejando a la profesora pensando en cómo ese crio la había vacilado.

***

         Rosa con el paso de los días había ido olvidando el incidente. En la academia estaban preparando una actuación para un congreso de salsa y bachata pero ella no podía actuar. Era una pena porque la coreografía mezcla de Bolero y Rueda cubana le encantaba. En esos momentos se sentía enfadada con su pareja, porque  no había forma de hacerle que sintiese aquel hobby de Rosa como algo de los dos y ella tenía que ir a la academia a bailar sola.

Los compañeros eran buena gente y salvo un par de parejas que no cambiaban en las clases el resto no tenía pegas. De hecho sentía que les gustaba bailar con ella.

Y así fueron pasando los meses sin más pena que gloria. La ley de educación del partido en el poder estaba generando más de una controversia y la subida de tasas en las universidades era uno de los temas estrella entre los profesores. En el colegió el ambiente también era muy bueno y eso hacía que todo fuese más fácil.

Pero todo comenzó a partir de las fiestas de navidad. El chico nuevo no había hecho un trimestre brillante y Rosa tuvo una tutoría con él y con los padres. Después de aquella reunión supo que uno de los grandes problemas era la madre. Esa mujer parecía estar más enamorada de su hijo que de su propio marido. Esa conversación fue la que le hizo tomar la decisión de tener una conversación con él a solas.

Al día siguiente le pidió que esperase después de la última clase. Se perdería la academia pero ese niño era brillante y podían reconducir una situación que estaba abocada al fracaso de esa persona y eso era algo que ella no podía permitirse.

Cuando terminaron las clases estuvo esperando en el aula a que Nacho acudiese a la cita. Se retrasaba y eso era algo que a Rosa no le gustaba. Llego corriendo y agitado. Su cara mostraba que el tampoco deseaba llegar tarde.

Nacho dejo que Rosa hablase pero su intención no era hablar de la asignatura ni del curso. Su mente estaba en un mundo del que no conseguía salir y su único afán era poder sentir que esa mujer sentía algo por él. Su maniobra había funcionado. Estaba seguro que si no lograba ir al ritmo de sus compañeros llamaría la atención de aquella mujer.  Y ahora estaba perdido en sus ojos que le hablaban solo a él.

No escuchaba las palabras que salían por la boca de la profesora, el solo escuchaba los latidos de su corazón y el movimiento de esos labios que deseaba besar. Y ese era el momento.

— Rosa, perdone. No se preocupe. Le prometo que no va a tener más problemas conmigo. Si quiere hágame un examen ahora de todo lo que dimos hasta las vacaciones. Lo sé y sé que voy a superar el curso— Rosa le miraba sorprendida. No conocía esa facilidad de palabra con la que se estaba expresando—. No es ese nuestro problema. Sé que no es correcto. Pero la quiero.

No termino de pronunciar las palabras y sin que Rosa pudiese hacer nada sintió como las manos de Nacho atraían su cara hacia la de él y la beso. Los labios se juntaron con la torpeza del que no ha besado nunca. Pero Rosa se sorprendió de nuevo. Su boca respondía al beso al tierno beso del alumno. Sintió calor y ternura, fuego y ganas y su boca comenzó a manejar la situación y los labios se entreabrieron. No respondía a su cerebro que la gritaba que parase. Los brazos de nacho la rodearon y sus lenguas se tocaron.

Ese fue el momento que ella reacciono y reaccionó con violencia. Le aparto bruscamente. Le grito y no podía parar. No estaba segura si estaba enfadada con él chico o con ella misma. No supo jamás por qué no había hecho eso desde el momento que el joven intento besarla. Nacho lloroso, salió corriendo del aula y ella se quedo allí. Su sexo ardía y eso era  lo que más la molestaba. No deseaba a ese joven pero sí que necesitaba calmar la pasión que llevaba dentro y su rutinaria vida no calmaba.

Aquella noche soñó con el joven y con la situación vivida. Se repetía una y otra vez. Ella quería evitar el beso y no era capaz. En el momento en que los labios se juntaban todos los profesores entraban y se mofaban de aquella ridícula situación. Despertó tres o cuatro veces y al final decidió que mejor quedarse despierta. Preparo un café y observo a su pareja, dormido a su lado. Le amaba pero necesitaba que le regalase un poco de emoción a su vida.  Esa era la causa de su reacción a un momento de locura que no olvidaría en la vida.

Decidió que no contaría nada a nadie. Eso no había pasado, volvería a hablar con el alumno para dejarle las cosas claras pero eso no produjo ya que el joven comenzó a destacar en su clase y ahora era la mejor nota. Nada parecía indicar que aquello había pasado. El no volvió a hacer mención a ese beso en lo que resto de curso hasta ese momento en que vio la nota en su taquilla.

***

“Perdóname Rosa. Sé que no debo ni debía pero el corazón no es un órgano, el corazón es el motor de los sentimientos y sé que piensas que mis quince años no son suficientes para poder amar. Esta sociedad nos marca las reglas y por eso se que amarte es imposible. Pero si es imposible amarte, sé que jamás seré feliz y, sin ti, la vida no tiene sentido. Gracias por dejarme el mejor recuerdo de mi vida. Nunca olvidare tus labios o el sabor de tu boca o el tacto de tu piel. No te preocupes, jamás volveréis a saber de mí y nunca más seré un problema para nadie”.

Estaba paralizada. No entendía bien que significaba aquello. Recogió sus cosas y salió corriendo para secretaria. Ahora recordaba su mirada durante los actos de fin de curso. Pudo sentir la tristeza de ese joven que parecía sacado de la época de las novelas románticas alemanas de la época de Goethe. No había nadie.

Cogió el teléfono y llamo al 112. Esa nota no era normal. Al momento colgó. Y si se estaba precipitando. Los niños y más a esa edad eran muy dados a gastar bromas. Respiro profundo. Aquel chico no volvería a su clase. El curso estaba acabado y él había aprobado todo. Se tranquilizo y miro el reloj; aun estaba a tiempo de llegar al ensayo. La estaban esperando.

Después del ensayo se tomarían algo todos juntos y al día siguiente seria la actuación. No tenia de que preocuparse. Llego al coche y se metió en su interior. Lo puso en marcha y salió en dirección a la academia de baile.

Comenzó a memorizar los pasos del bachatango mientras en la radio de su vehículo sonaba la música que tenían que bailar. Se estaba poniendo nerviosa de  nuevo. No lograba concentrarse ni en el baile, ni en la música. Tuvo que detener el vehículo.

***

Cada día era necesidad. Sabía que se había equivocado pero también sabía que la profesora había respondido a su beso. No era un experto pero aquel beso había durado mucho más de lo que él esperaba y sus cuerpos se habían juntado sin miedo. El final había sido brusco y sus emociones le desbordaron. Sentía felicidad, miedo, deseo, calor, ternura.

De camino a casa los quince años se volvieron en su contra. Esa mujer ya no era Rosa, la profesora de matemáticas; era su sueño, su objetivo en la vida. Estaba convencido  que había nacido solo con el fin de poder amarla. Ella le había correspondido. Pero después había huido y Nacho se dio cuenta de que aquello era imposible.

Los días siguientes los paso tratando de convencerse de que aquello no había pasado. Espera un serio problema pero Rosa pareció olvidarlo. Aquello le hizo sufrir mucho. No le daba más importancia que al resto de los alumnos. En ese momento tomo la decisión de sacar el curso y poder salir de esa escuela para no volver a ver a esa mujer que era la responsable de sus sufrimientos.

Pero día a día fue a peor. Cada día estaba más loco por ella. Deseaba que llegasen sus clases. Procuraba encontrarse con ella para poder verla. No se lo contó a nadie. En la soledad de su cuarto pensaba en ella echado en la cama. Pensaba en lo feliz que sería si ella le dejase  tocarla, besarla.

Las compañeras trataban por todos los medios de llamar su atención pero se mantenía en su mundo y cada día que pasaba estaba más aislado del resto de compañeros. El deporte había dejado de interesarle y solo le preocupaba conocer los gustos y las  aficiones de su profesora.

El mundo se le estaba desmoronando y Rosa se había vuelto una obsesión enfermiza. En su móvil llevaba diez o doce fotos que le había tomado en distintos momentos del día. Se acercaba el final del curso y él sabía que no quería dejar de verla. Comenzó a sentir que la vida carecía de sentido. La angustia cada vez era mayor y era el momento de tomar decisiones.

Empezó a trazar su plan. Ella tenía que conocer, que saber que era la responsable de lo que se disponía a hacer. Ahora tocaba el turno de llevarlo a cabo y lo más curioso era que no tenía miedo y solo pensaba en dejar de sufrir.

***

Se dio cuenta de que aquello no era una broma. Cogió el móvil y marco el teléfono de la directora del colegio. Respondió rápido pero extrañada de recibir esa llamada. Sabía que tenía que estar en el ensayo.

El tono de voz de rosa preocupo aun más a la directora. Necesitaba que hablasen con los padres de Nacho. Era importante localizarlo. Cuando esta le pregunto que ocurría simplemente le comento que ya se lo explicaría. Que era urgente la necesidad de localizarlos. Le dio el teléfono.

La llamada fue corta. Le indico a la madre de Nacho que necesitaba localizar al crio porque se había dejado unas cosas en el colegio. No quería asustarla.  El niño no estaba en su casa y esto asusto aun más a Rosa. Colgó y marco el número de emergencias.

Ahora sí que tenía claro que esa nota no era solo una nota de amor sino que era una despedida en toda regla. No podía dejar que aquello pasase. Los tonos en el teléfono se le hicieron eternos. Releía una y otra vez la nota tratando de hallar alguna pista que le indicase que donde podía haber ido el chico.

La dotación de la Guardia Civil que acudió al colegio había llamado a los padres de Nacho. La directora llego casi a la vez que Rosa. No quería hablar de la nota al menos delante de esa pareja. Aun seguía albergando la esperanza de haberse equivocado.

Una hora después seguían sin saber nadie nada del chaval. Donde podía estar a donde podía haber ido. La guardia civil estaba localizando a los compañeros y tratando de averiguar algo. Rosa estaba desesperada. No sabía porque pero en su mente no paraba de repetir la frase lo que no suma, resta. Sabía que tenía que ver con él y con su alumno. Pero  no lograba entender que significado tenía para ella.

Todo Guadarrama estaba buscando al chico. En facebook y twitter se hizo un llamamiento a la población para tratar de encontrarlo. Rosa estaba preocupada por el momento en que tuviese que dar explicaciones pero los agentes estaban más interesados en localizar a Nacho.  Supo que tenía que dar la nota. Igual ayudaba en la investigación. Se armó de valor y se acercó a uno de los guaridas.

Las preguntas fueron incomodas. Después le pidió perdón pero le comento que tenía que comprenderle. No le había gustado que guardase esa información tan importante y no había sido considerado con ella. Rosa se sentía mal.  En ese momento su móvil sonó con la vibración de un mensaje entrante. Pensó que era su hija, pero estaba equivocada. No supo cómo pero Nacho  había tenido acceso a su teléfono y le enviaba de nuevo el mismo mensaje que le había dejado en la taquilla. Rosa no se lo pensó dos veces y contesto con otro mensaje mientras le hacía señas al Guardia Civil

— Nacho. ¿Qué significa esto?— El hombre ya estaba a su lado y le pidió que continuase hablando.

Momentos antes había tratado de localizar el dispositivo pero lo tenía desconectado. Ahora podrían localizarlo.

— Que te quiero. Sé que es imposible. Son muchos años y una sociedad que se ha olvidado de lo que es amar— Rosa alucinaba con el lenguaje que utilizaba el crio— Ha llegado el momento y prefiero desaparecer. No me busques.

— Nacho. Tú no me amas. Solo es una ilusión. Tienes muchas cosas en la vida que pueden hacerte muy feliz. Necesito que vengas y poder hablar contigo cara a cara. No es justo que me hagas esto— No sabía realmente que escribir. Solo sabía que tenía que entretenerle.

— Da igual. Me he tomado dos botes de Valium y me estoy bebiendo una botella de ginebra. Esto no tiene marcha atrás— Rosa supo que aquel mensaje no mentía. Ahora tenían menos tiempo. Le mostro el mensaje al agente. Ya le tenían localizado pero sería conveniente enviar una ambulancia. Le pidió que siguiese escribiendo.

— No. Nacho. ¿Qué has hecho? Por favor, vomita. Eres muy joven y tienes todo el mundo a tus pies

— Pero no te tengo a ti. Yo solo quiero que me quieras. Estar contigo y poder amarte.

Acto seguido sonó el móvil de Rosa. Era un número desconocido. Lo cogió. Era  Nacho.

— Hola Rosa. Tengo miedo. Me estoy mareando y no me siento bien. En el tono de voz había terror.

— Dime donde estas y voy a buscarte. No quiero que te pase nada malo. Eres un joven muy especial— Estaba intentando que no cortase la llamada.

  • En el prado el coto. Camino de El Escorial.

Ya tenían lo que querían. Aquel joven solo quería llamar su atención. Rosa no lo sabía pero decirle que era muy especial había terminado de derribar las barreras del joven. El hecho de empezar a no tener control sobre sus reacciones también le estaba afectando. El prado del coto era una finca muy grande pero los lugares a los que solían ir los chicos no. Ahora era cuestión de tiempo.

No colgó la llamada pero cada vez el joven contestaba con menos fuerza. Jamás nadie le había declarado un amor tan limpio y  sabía que, si Nacho salvaba la vida sería algo que nunca olvidaría. No deseaba tener que contar esa experiencia a nadie. Cuando la voz de  su alumno comenzaba a apagarse del todo  escucho a través del móvil el sonido de la sirena acercándose. Solo deseaba que hubiesen llegado a tiempo.

No lo pensó. Salió corriendo de la clase y montó en su vehículo y se fue hacía el hospital del Escorial. Seguramente trasladarían allí al chico para hacerle un lavado de estomago. No tardo nada en llegar, jamás había conducido a esa velocidad.

Unos minutos después llegaba la ambulancia y dos vehículos de la Guardia Civil. Los padres de Nacho bajaron del último en llegar, en el momento que el equipo de emergencias sacaba al joven la ambulancia en camilla. Estaba demacrado y medio adormilado. Por suerte había vomitado la mayor parte de lo que había ingerido gracias a los técnicos.

Cuando vio a Rosa la cara se le ilumino y débilmente tendió la mano en dirección a ella.  No lo pensó, ya tendrían tiempo de aclarar todo aquello. Ahora solo importaba que Nacho estuviera bien. Cogió su mano y la sintió fría. Su alumno solo pudo devolverle una sonrisa y no supo porque pero se inclino y le beso en los labios.

— Yo también te quiero— le dijo suavemente mientras acompañaba a la camilla al interior del hospital.

Esa mentira no le haría ningún daño y seguro que era un recuerdo que el joven nunca olvidaría. Se dio cuenta de por qué no dejaba de pensar en la frase “lo que  no suma, resta”.  El primer día que le dio clase al terminar le pregunto qué  eran las matemáticas para él. Nacho la había mirado y con una sonrisa  le contesto: “lo que no suma, resta.” Era cierto que era un niño muy especial

***

El sábado antes de salir para Los Ángeles de San Rafael, ya había llamado dos veces al hospital y una a los padres del joven. Estos habían estado hablando aquella mañana con la directora y no podían culpar a Rosa de nada. Rosa no estaba tan segura.

Aquella noche mientras caminaba hacia el escenario de la mano de Mónica, su pareja en esa actuación, su corazón latía a mil por hora pero su cabeza no dejaba de decirle: A por ello, lo que no suma, resta y esta noche solo puedes sumar.

Chan, Al primero golpe de ritmo giro la cabeza en dirección a Mónica; Chan, Recogió a su pareja en un giro situándose detrás de ella  dejando una pierna abajo, Chan compusieron la figura y justo antes de arrancarse con los ochos de la coreografía pensó en Nacho y le dedico la actuación.

Su corazón voló a sus quince años y se imagino que era ese crio quien bailaba con ella y sintió como sus latidos se acompasaban y se dejo llevar por un amor que jamás podría  contar a nadie y  que no podría olvidar.