2 febrero, 2015

Tus ojos me clavan diamantes

         El frío de la sierra se clavaba en sus huesos mientras ella se dirigía hacia el pueblo cruzando la autovía de la Coruña. Sus pasos eran rápidos tratando de evitar el viento que le estaba haciendo sentir una sensación que no la había abandonado desde la noche anterior. No tenía demasiado tiempo para dejar todo organizado antes de que alguien se diese cuenta de lo que había ocurrido en su domicilio. No debían enterarse de cómo su vida iba a cambiar por dos minutos de ira. Carlos estaba trabajando deseando llegar a casa. No sabía lo que había pasado desde que se fue y ella tenía que prepararlo todo para poder escapar de esa situación. Se dirigía  a su peluquería  porque no podía dejar de justificar que, ese sábado, no tenía intención de trabajar. Ese era su primer destino. No quería sospechas y gracias a su aspecto taciturno Eva, su socia, no sospecharía de lo que realmente le pasaba. Demasiada gente a su alrededor como para que nadie se percatase de que ella se escapaba de la ciudad.