11 marzo, 2015

Iluminas mis días

 Hospital  Ramón y Cajal 2005 — Mama— la voz de Ana era suave. Estaba triste pero la preocupación por su madre hacia qué sacase fuerzas de donde no las tenía— Vámonos a casa. Aquí no haces nada— Su hermano la miraba apoyando la idea. — ¡No! Me quedo aquí. No pinto nada en casa. Tengo que estar aquí. Iros vosotros— la sonrisa no había abandonado su cara. Era ella quien tenía que cuidar de Enrique. Su vida estaba en uno de los box de urgencias. Aquel hombre era toda su vida. La razón y los motivos, el norte y el sur, cada latido y cada respiración, tenían razón gracias a él.